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Europa cierra la ruta de los balcanes a los refugiados sirios

Antes de los atentados en Bruselas, Europa ya había decidio cerrar la vía de los Balcanes como acceso al viejo continente. A los refugiados ahora les espera un escenario muy diferente al que se enfrentaron sus compatriotas el 2015.

Publicado: 2016-03-29

El fin de los meses frios en Europa está cercano, los días serán más largos y los caminos menos infranqueables. Decenas de miles de refugiados sirios asentados en Turquía -tal vez cientos- se preparan para iniciar la travesía con destino Europa. Saben que es una aventura peligrosa pero no ignoran que el 2015 casi un millón de personas lo logró. Mientras ellos se agenciaban para conseguir las provisiones y el dinero necesario para el viaje, representantes de los 28 países de la Unión Europea –ya antes de los atentados de Bruselas y apurados también por la cercanía de la primavera- acordaron la aplicación de una serie de medidas con miras a bloquear el ingreso masivo de refugiados. En las siguientes líneas, un resumen del nuevo panorama.  


El Acuerdo

El acuerdo establece que desde el día domingo 20 de marzo todo el que solicite la condición de refugiado en Europa la debe gestionar necesariamente en Turquía y no en un país de la UE. Las autoridades europeas por su parte se comprometen a tramitar todas las solicitudes: „Cada migrante será tratado de forma separada, con todo respeto y dignidad", ha explicado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Quien decida realizar el viaje desde Turquía a Grecia u otro destino de la UE sin el permiso correspondiente será retornado sin mayores trámites, además de haber invertido tiempo y dinero en vano –recalcan las autoridades- su nombre será registrado y solo tendrá opción de gestionar su ingreso legal a Europa cuando ya lo hayan hecho aquellos que con paciencia esperaron en Turquía. Con estas medidas la UE espera ordenar el acceso a Europa por la llamada vía de los Balcanes, además de dar un duro golpe a las mafias dedicadas al tráfico de personas.

Como es de imaginar, el papel de Turquía en este convenio resulta fundamental, su primer ministro Ahmet Davutoglu participó de las reuniones en Bruselas y planteó una serie de exigencias. Era de esperarse, Turquía ha recibido ya cerca de tres millones de refugiados y la ayuda internacional ha sido mas bien escasa, además considera -lo que es objetivamente cierto- que estas medidas sirven sobre todo para quitarle un peso a Europa y evitarle a sus políticos conflictos con sus electores. ¿Qué pide Turquía a cambio? En primer lugar un incremento de 3 mil millones de euros al apoyo económico vigente, estimado ya en una cantidad similar. En segundo lugar, la exención de visas para los ciudadanos turcos que ingresen a territorio europeo. En tercer lugar, la aceleración de su proceso de admisión en la Comunidad Europea. A los tres requerimientos Europa ha contestado afirmativamente, pero ha hecho la salvedad de que el cumplimiento del tercer punto requiere aún que el gobierno turco cumpla con los requisitos que la UE le viene exigiendo desde las primeras conversaciones, referentes sobre todo a su democratización interna y a su relación con la minoria kurda.

Europa a su vez, ha ofrecido que por cada solicitante de refugio que sea devuelto a Turquía otro será aceptado legalmente en Europa directamente desde un campamento turco, pero ha puesto un tope, como máximo está dispuesta a aceptar 72 mil refugiados. El resto deberá esperar en Turquía a que la guerra en Siria termine. Este es tal vez el punto más débil del acuerdo, ya que a todas luces es una cantidad insuficiente para la magnitud del problema. La canciller Merkel, con cierto cinismo, ha afirmado que las devoluciones hacía Turquía disuadirán a muchos y animarán a otros a esperar en los campo de refugiados el fin de la guerra.


Las críticas

Una de los cuestionamientos a las medidas precisamente aluden al número de refugiados que Europa considera aceptar, el cual se considera irrisorio. John Dalhuisen, director del Programa para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional ha declarado que „La UE debería estar organizando ya el reasentamiento a gran escala desde Turquía y no poner cínicamente topes máximos”.

Sin embargo el cuestionamiento principal se centra en la decisión de la UE de negar refugio a una persona y expulsarla a un tercer país, lo cual se considera contrario al espíritu de la convenciones internacionales y a la tradición europea. La ministro del interior austriaca Mikl-Leitner ha protestado: “Me pregunto verdaderamente si después de esto todavía tenemos respeto por nosotros mismos y por nuestros valores”. Los partidarios de las medidas han replicado que la legislación interna de la UE permite derivar a un solicitante de refugio a un tercer país considerado seguro. Pero ¿Es Turquía un país seguro? Los críticos recuerdan que Turquía no ha suscrito el protocolo de la Convención de Ginebra, y que solo reconoce como refugiados a ciudadanos europeos, pero no a sirios o afganos. ¿Puede por ejemplo una familia kurda que escapa de la guerra sentirse segura en Turquía? Es cierto que Ankara se ha comprometido a cambiar su legislación, pero por el momento no hay fechas precisas. La eurodiputada espanola de IU Marina Albiol, por su parte, ha recordado que ese país ha sido condenado en 2.812 ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Al interior de la UE hay también muchas voces críticas, incómodas. Por más que el acuerdo se quiera sostener legalmente, la perspectiva de su aplicación evidencia rasgos deshumanizantes, tiene algo del entregar con apuro la moneda al necesitado solo para que nos deje en paz. Peor aún, de utilizar a un tercero para evitarnos el mal rato. Para Filippo Grandi, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), lo que en esencia representa este acuerdo es la „evasión de la reponsabilidad”. Desde la derecha también se oyen críticas, no tanto por el contenido de los acuerdos, sino por las concesiones otorgadas a Turquía, Eleftherios Synadinos, del partido de extrema derecha Amanecer Dorado advierte que mal hacemos en pactar con el turco „que es un bárbaro de espíritu blasfemador, obtuso y sucio”. El representante belga Guy Verhofstadt por su parte ha afirmado que no deberíamos «vender nuestra alma al diablo”.


Los políticos

Queda en cuestión además si los políticos europeos no buscan con este acuerdo complacer a las graderías. Después de los últimos atentados, muchos de ellos parecen haber reparado en que no es el mejor momento para sacar la cara en favor de los refugiados. Ya a mediados de marzo -en las elecciones regionales en Alemania- la Canciller Merkel había sido duramente castigada en las urnas por su políticia de brazos abiertos mientras que el partido Alternativa para Alemania (AfD ) -abiertamente opuesto a todo tipo de migración- ascendió en cambio de la insignificancia a un expectante 20%. El rostro de Merkel ya no es aquél que el 2015 retrató la prensa junto a los primeros refugiados. Es hora de volver a mirar hacia adentro y dejar los selfies para mejores tiempos, parece haberse dicho. Su abierto apoyo a los tratados con Turquía evidencia que los tiempos han cambiado.

Confirmando lo anterior, los gobiernos de los países de la UE ubicados en el este -partidarios de medidas incluso más restrictivas- gozan de la aceptación de la ciudadanía a raiz de sus políticas opuestas a la inmigración. Ákos Róna­Tas, sociólogo y periodista húngaro describe la situación de su país en estos términos: „los miedos en una sociedad se difunden con rapidez, al margen de si son razonables o no, y los políticos lo saben, saben también que en ese contexto es fácil introducir la figura de un salvador, de nuevas normas o leyes. Saben también que esos miedos hay que introducirlos gradual y constantemente, ya que así se asegura el apoyo incondicional al líder, esto es lo que lamentablemente sucede en mi país”

Quienes deseaban un mayor compromiso de parte de Europa con los refugiados sirios no se encuentran satisfechos con los acuerdos. El principal líder de la IU española, Alberto Garzón, lo ha calificado como el "acuerdo de la vergüenza" y como una declaración de „guerra contra los pobres". El ministro sueco Morgan Johansson -por su parte- ha criticado duramente a los países que rechazan asumir la responsabilidad de recibir a los refugiados y ha insinuado abiertamente que en estos términos el tratado Schengen no tiene futuro. Aun así, este grupo crítico ha logrado la aprobación de algunos puntos que atenúan lo drástico del acuerdo principal. En la consecución de estos, ha tenido un rol importante el nuevo parlamento español, el cual ha requerido a Rajoy que la aprobación de España solo debe darse si se confirma que los refugiados que ya ingresaron a Europa no serán devueltos y si se garantiza que mientras la guerra civil continúe nadie será devuelto desde Turquía a Siria, algo que al parecer venía sucediendo con algunas minorías. Ambas condiciones finalmente se inscribieron en el documento final. 

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