no le saca la vuelta a la ley

El retorno de los apus o cómo recuperar el pensamiento andino

Entrevista al antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa sobre su libro 'Apus de los cuatro suyus: construcción del mundo en los ciclos mitológicos de las deidades montaña'.

Publicado: 2016-09-27

Las investigaciones sobre nuestro pasado han tenido como tema, por lo general, la cultura material de los pueblos. Cada vez sabemos más sobre la cerámica, textiles y arquitectura prehispánica, sobre sus diseños y secuencias temporales, pero es todavía poco lo que sabemos sobre las categorías mentales del pensamiento desarrollado en los Andes. 

Los conceptos de origen andino referidos a lo sagrado, a la familia, al poder, al espacio y el tiempo, al bienestar, etcétera, debieron haber tenido un contenido distinto al que enuncian estos términos en español. Esto se hace más evidente si tenemos en cuenta que la sociedad prehispánica estaba organizada de una manera diferente -casi antagónica- a la que trajeron los conquistadores.

Una importante contribución a esta suerte de arqueología mental que tiene como campo de estudio a las supervivencias ideológicas que han quedado tras el cataclismo que significó la conquista española, viene siendo dada por el trabajo intelectual del antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa.

En las siguientes líneas, compartimos la conversación que tuvimos en su querido Chorrillos, la tierra que hoy lo acoge, sobre su libro Apus de los Cuatro suyos: construcción del mundo en los ciclos mitológicos de las deidades montaña.

El autor del libro en CHorrillos. Foto: Javier Zea Aréstegui

Existe algún concepto esencial que nos sirva para comprender el pensamiento andino prehispánico?

El término Kamay, documentado en las crónicas y vocabularios levantados a partir del siglo XVI, alude a un poder generador, a una energía que hace posible la reproducción y, por lo tanto, la vida, la existencia. Se trata de un atributo que no se restringe a los seres humanos, sino que comparten todos los seres que pueblan el cosmos y, en particular, todos los que constituyen lo que llamamos la naturaleza. La Pachamama es la madre de todo, posee un kamay animador indispensable, una energía que hace posible la continuidad de la vida. La Yakumama del mundo amazónico tiene un alcance similar desde el espacio subacuático.

Upani y llanthu, por otro lado, tienen el significado de sombra, se designa así a entidades que tienen existencia pero que no son necesariamente visibles. Estas entidades espirituales mantienen cuotas de kamay cuya pérdida acarrea enfermedad e incluso la muerte. En los Andes, todo ser humano posee al menos tres sombras, la mayor y la menor son las más poderosas, la del medio permanece junto a la osamente aún después de la muerte del individuo. En la vida diaria andina actual hay innumerables ejemplos de voces que expresan contenidos abstractos y que están representados de diversas maneras, por ejemplo, tenemos a las llamadas illas, que son elementos de la naturaleza –piedras, minerales, frutos– que el poblador andino considera objetos de carácter extraordinario y maravilloso en los que residen espíritus de fuerza primordiales, y por ello mismo poderosos y cargados de energía o kamay. Un papel similar, aunque en un contexto más bien social, vendría a ser cumplido por las wakas y los Apus, espacios sagrados igualmente portadores de vida y energía. El llamado dios trueno, Illa-Apu , es por su parte un dador de illas. El Ekeko (Eqeqo), viene a expresar lo mismo, aunque ciertamente, hoy en día, está matizado con elementos y contenidos mestizos.

El poblador andino realiza diversos rituales que tienen como propósito mantener una relación de reciprocidad con todos los seres del cosmos, en particular con los seres de poder más o menos cercanos. La wisa o mesa andina, La t’inka, el t’ikachiy (floreo), los haywakuy o “pagos” son ejemplos de ceremonias a través de las cuales se propicia una acción benevolente de los portadores de kamay y la permanencia de algunos en el entorno del hogar, como ocurre con las semillas de los productos que se cultivan en la chacra, tal el caso de la papa, a cuyas semillas se les da el tratamiento de imillas (jóvenes doncellas).

La idea de que el hombre andino conversa con las plantas, los animales, no es entonces simple retórica?...

En efecto, es entendiendo esta idea del poder generador existente en la naturaleza que se puede entender mejor el vínculo afectivo existente entre el hombre andino y todo lo que le rodea. El hombre está atento a la naturaleza, a su desarrollo y equilibrio, y establece con la pacha, al igual que con sus semejantes, relaciones de reciprocidad. Si alguien desea profundizar este punto, recomiendo la lectura de Señas y Señaleros de la Madre Tierra, de Juan van Kessel y Porfirio Enríquez Salas, un libro que describe esta permanente comunicación entre el hombre andino y su entorno.

Podría tratarse de una visión ecologista precursora que tal vez nos hubiera ahorrado los problemas ambientales que ahora vivimos...

Así es, esta manera de entender el universo –que en el periodo colonial fue calificada como bárbara y primitiva– ha terminado siendo reivindicada por el pensamiento contemporáneo una vez que ha quedado evidente el deterioro del medio ambiente. La necesidad de cuidar la naturaleza a la que el hombre moderno viene llegando lentamente, ciertamente por medio de una visión economicista y utilitaria, ya se encontraba inscrita de una forma natural en la manera de pensar andina. Por mucho tiempo, la cultura moderna, influenciada por el pensamiento religioso occidental, entendía que la naturaleza existía en función del ser humano; la idea andina al respecto es diferente, el ser humano es parte de la naturaleza, es uno más entre sus muchos habitantes.

¿Con qué características se manifiesta la idea de lo sagrado en el pensamiento andino?

En el mundo andino prehispánico lo sagrado obliga a una actitud de respeto mutuo, no de subordinación, como sucede en el catolicismo. No se encuentra la idea de lo bueno y malo, de un cielo y un infierno. La idea del demonio, diablo o satanás es colonial y ajena al mundo andino, fue trasladada con fines de evangelización a los términos de supay y saqra que tienen contenido distinto. Hoy mismo, para los hombres quechuas y aymaras, las relaciones que se establecen con las entidades de poder son de reciprocidad, como las que existen con los parientes. La Pachamama y los Apus dan si reciben. No existe ni existió una relación natural de subordinación entre las entidades de poder y el ser humano, menos la idea de que seamos seres sujetos a la voluntad de lo divino.

La idea de autoridad se encuentra, a su vez, asociada a esta idea de equilibrio que surge de la visión de la naturaleza. La función de quienes dirigen la sociedad es precisamente la de mantener y extender este equilibrio al interior de las relaciones sociales. Evitar el cataclismo, el caos, el desorden. Los que ejercen poder existen en tanto pueden mantener el orden, no existen para ejercer un dominio en sí.

¿Qué alcances tiene el concepto de Pacha?

En el pensamiento andino el tiempo es curvo y sus extremos terminan juntándose, de allí la reiterada presencia en la iconografía de serpientes enroscadas y toda suerte de símbolos en espiral. La idea de Pacha expresa la unidad entre el tiempo y el espacio. El espacio existe en relación con el pasado y el futuro, no existe en el español un término que enuncie este concepto u otro similar. Se trata de una idea extremadamente valiosa en la perspectiva de construir un mundo sostenible a largo plazo. El pensamiento occidental en cambio prioriza el presente, la fragmentación, la visión compartimentada.

Si queremos explicar el pensamiento andino, no podemos limitarnos a utilizar la terminología que trajeron los españoles, ésta sirve para entender lo occidental, pero es limitada para explicar lo andino; por ello se hace necesario estudiar más profundamente conceptos tales como pacha, paqarina, waka, kamay, yananti, illa, etc., y emplearlos en concordancia con el sentido que poseen en el contexto cultural correspondiente.


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